Mis primeras depresiones las sufrí en la Universidad hace casi 30 años. Me acuerdo de tener una sensación de colapso general, una dificultad para estar con otras personas y de sentirme a veces como si me hubiese tragado un enorme agujero negro. Yo ya era una persona muy mental y creo que el hecho de ir a estudiar a Oxford exacerbaba esa tendencia, por lo que me acuerdo que cuando estaba en medio de una depresión, pasaba mucho tiempo aislado dándole vueltas y elucubrando, con la esperanza de encontrar una salida razonada al bajón en el que me encontraba. También había largos períodos en los que no me sentía deprimido sino que me dedicaba a una especie de narcisismo de estudiante, junto con gran parte de mis compañeros, que podría resumirse en las palabras de la canción de Ian Dury “Sex, drugs and rock’n’roll”. Ciertamente había una parte de mí que buscaba la salvación a través de relaciones sentimentales, y que creía que el intercambio intelectual y la comunicación sexual me iban a salvaguardar de futuras depresiones.
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GaliciaIntegral: Trying To Get To Heaven
Este post es la respuesta larga a un mensaje de Anuk en el foro GaliciaIntegral, que me ha hecho gracia y también me ha hecho reflexionar. A continuación reproduzco el mensaje de Anuk (espero que no le importa que lo reproduzca): “Llamando al administradoor...knock knocking on heaven's door. Stuaaaartttttt por el amor de dios!!! Pon orden en la sala ya!!! Jijiji (léase en tono de broma, of course). Yo es que, queridos integrales, me pierdooo entre tantas palabras, reflexiones y archivos varios. Será que los árboles no me dejan ver el bosque... Filtremos la información que compartimos aquí, ya que este foro es una herramienta increíble y sería una pena saturarlo. Apelo al buen criterio de sus integrantes para "reciclar" el contenido de los mensajes. Hay un lugar para cada cosa. ¡Seamos responsables con el entorno virtual! ¿Os apuntáis? ¡Yo me apunto! Anuk Leandro (desde Sada con Amor y Respeto)”.
Humo negro, luz sanadora
Hace una semana volvimos a participar en un encuentro de la Plataforma NATC, como ya habíamos hecho en el Valle del Jerte el año pasado. El último día hicimos una versión de la meditación Tonglen, de la tradición del budismo tibetano. Para mi esta meditación es como una breve e intensa resumen de lo que es el trabajo emocional, ya que en ella se propone algo así como un reciclaje psico-espiritual, buscando la transformación del dolor contraído de las heridas emocionales en una onda expansiva de amor sanador y liberador. Es una meditación que puede provocar resistencias, ya que la idea de abrirnos al sufrimiento y de absorberlo puede echarnos para atrás. Sin embargo, es precisamente el hecho de reconocer que todos los seres sintientes sufrimos (o sea, la primera noble verdad del Buda, el sufrimiento inevitable de la enfermedad, del envejecimiento y de la muerte) que abre la posibilidad de ir más allá y liberarnos del sufrimiento. A esta comprensión, la meditación tonglen añade el elemento de compasión universal, ya que su alcance se va extendiendo hasta abrazar el sufrimiento de todos los seres, incluyendo – al final – el de uno mismo.
El círculo

Ya he contado en otro momento que el año pasado hice una formación en ‘trabajo emocional’ con Richard y Catherine Galbraith y que he tenido la buena fortuna de mantener el contacto con las personas con las que hice el training. Se trabajaba, como en muchos talleres tipo crecimiento personal, en círculo y la verdad es que hemos mantenido este círculo vivo desde entonces. El otro día comentaba Richard que el círculo realmente no es algo exterior sino algo que llevamos dentro de nuestros corazones, y luego una compañera nos escribió una carta que nos conmovió a todos al respecto – voy a citar una parte realmente preciosa:
“Mi Verdad AHORA es un espacio en el medio de mi pecho (por ponerlo en algún lugar) nutrido, abonado, amoroso y agradecido sin un porqué específico ni un para qué determinado, donde el miedo no existe, ni la vergüenza ni el resentimiento. Solo que las palabras AMOR y AGRADECIMIENTO cobran un sentido diferente, más amplio, que no conozco aún lenguaje para definirlas pero es tan verdadero y tan cercano como el Círculo y deseo que sea tan permanente como Él…”
Gracias, compañera, por expresarte tan bellamente desde la vinculación concéntrica, cocreada de nuestro grupo, por decir una verdad sobre nuestro círculo pero también, en general, sobre las comunidades con propósito, no necesariamente espirituales pero sí con espíritu, sobre lo precioso del tejido interpersonal en el que surge nuestra individualidad efímera, lo que Wilber llama el ‘milagro de nosotros’.
“Mi Verdad AHORA es un espacio en el medio de mi pecho (por ponerlo en algún lugar) nutrido, abonado, amoroso y agradecido sin un porqué específico ni un para qué determinado, donde el miedo no existe, ni la vergüenza ni el resentimiento. Solo que las palabras AMOR y AGRADECIMIENTO cobran un sentido diferente, más amplio, que no conozco aún lenguaje para definirlas pero es tan verdadero y tan cercano como el Círculo y deseo que sea tan permanente como Él…”
Gracias, compañera, por expresarte tan bellamente desde la vinculación concéntrica, cocreada de nuestro grupo, por decir una verdad sobre nuestro círculo pero también, en general, sobre las comunidades con propósito, no necesariamente espirituales pero sí con espíritu, sobre lo precioso del tejido interpersonal en el que surge nuestra individualidad efímera, lo que Wilber llama el ‘milagro de nosotros’.
Gratitud (segunda parte)
Claro que la gratitud se extiende más allá de los padres hacia las figuras que nos guían en momentos importantes de la vida, hacia tercer*s significativ*s que han tenido una influencia – para mí han sido personas como Abel Torral, Rubén Bild, Dokushô Villalba, Txema Fericgla, Dhiravamsa y en estos últimos años Richard y Catherine Galbraith, personas que me han ayudado a sanar heridas de la sombra y a expandir mis horizontes.
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