Hace una semana volvimos a participar en un encuentro de la Plataforma NATC, como ya habíamos hecho en el Valle del Jerte el año pasado. El último día hicimos una versión de la meditación Tonglen, de la tradición del budismo tibetano. Para mi esta meditación es como una breve e intensa resumen de lo que es el trabajo emocional, ya que en ella se propone algo así como un reciclaje psico-espiritual, buscando la transformación del dolor contraído de las heridas emocionales en una onda expansiva de amor sanador y liberador. Es una meditación que puede provocar resistencias, ya que la idea de abrirnos al sufrimiento y de absorberlo puede echarnos para atrás. Sin embargo, es precisamente el hecho de reconocer que todos los seres sintientes sufrimos (o sea, la primera noble verdad del Buda, el sufrimiento inevitable de la enfermedad, del envejecimiento y de la muerte) que abre la posibilidad de ir más allá y liberarnos del sufrimiento. A esta comprensión, la meditación tonglen añade el elemento de compasión universal, ya que su alcance se va extendiendo hasta abrazar el sufrimiento de todos los seres, incluyendo – al final – el de uno mismo.
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