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Psicoterapía Humanista Integrativa

Recientemente me he decidido para profundizar en mi formación personal apuntándome para un Máster Semi-presencial de Psicoterapia Humanista Integrativa. Después de terminar el año pasado la carrera de Psicología, me apetecía hacer algo más práctico y aplicable al surco que me encuentro trazando en la vida. Estuve mirando los distintos cursos y Másters que había con un componente online y el que más se acercaba al abordaje integral que me interesa era éste. En un principio tenía reservas porque me parecía que representaba de algún modo un paso hacia atrás respecto a lo que he venido leyendo y estudiando sobre aplicaciones en coaching y psicoterapia integrales. Pero al final, varios factores me ayudaron a decidirme a favor.

Los abordajes humanistas, como los de Rogers y Maslow, la Gestalt, el Análisis Transaccional, los enfoques corporales etc fueron los precursores de lo que empezó siendo la psicología transpersonal y ha ido evolucionando hacia la visión integral con la que Wilber y otros muchos trabajan hoy. Como la psicología humanista siempre me había interesado aunque no me había parado mucho a profundizar en ella, el Máster me ha parecido una gran oportunidad. También, como he hecho mi vida en España, me parece congruente arrimarme y aprender con lo más evolucionado que me encuentre aquí en vez de estar lamentándome interiormente de que no hay Máster de Wilber o del Instituto Integral en España. Y en este sentido he resonado con la aspiración integrativa de este Máster y también con la calidad humana y abierta del que lo dirige, José Zurita, (le puedes escuchar en el vídeo más abajo). Él dice que le apasiona este enfoque porque ve que funciona con sus clientes y, al fin y al cabo, eso es de lo que se trata, de aportar un grano de arena para el bien de todos los seres, de servir a las personas, sufrientes como nosotros, en su búsqueda de sanación y realización.

A continuación os dejo un video de José Zurita y después un trabajo que hice sobre El Talante de un Psicoterapeuta Humanista Integrativo.



El talante del Psicoterapeuta Humanista Integrativo

“Una palabra nos libra de todo el peso y dolor de la vida. Esa palabra es amor.”
Sófocles

El trabajo de un Psicoterapeuta Humanista Integrativo (PHI) parte de una base de empatía, respeto y amor incondicional hacia sus clientes. El PHI pretende ayudar al cliente a sanar sus heridas, a superar conflictos intra- o inter-personales y a alcanzar un cada vez mayor grado de autonomía y realización personal. Para hacerlo el terapeuta intenta captar al cliente en todas sus dimensiones, pero sobre todo las referidas a aspectos conductuales, cognitivos, fisiológicos, emocionales y espirituales. Gracias a una escucha informada por todos estos aspectos, el terapeuta tiene más posibilidades de acertar a la hora de acompañar al otro que si filtra lo que el cliente le está contando principalmente a través de una única lente (por ejemplo, la cognitiva o la conductual). No sólo se dirige al cliente teniendo en cuenta todas estas dimensiones, sino que también trabaja para que el cliente las vaya integrando en su propia personalidad, siempre en función de dónde está en su proceso de desarrollo en el momento de acudir al terapeuta. También el PHI estará inmerso en su propio proceso personal de integración, pudiendo así mostrarse como persona congruente ante el cliente, sin pedirle que haga nada que no haya emprendido el mismo terapeuta.

El trabajo del PHI está orientado a la relación, es decir se pone mucho énfasis en la relación entre terapeuta y cliente: se puede entender esta relación como el crisol en el que la alquimia de la sanación tiene lugar. Según Richard Erskine, uno de los fundadores del abordaje humanista integrativo, los conceptos más importantes para que esta relación prospere son el contacto y la sintonía. Estos conceptos recuerdan los vínculos positivos que pueden existir entre niños y cuidadores según la teoría del apego de Bowlby. De un modo similar, el PHI aspira a crear las condiciones adecuadas para que el cliente pueda enfrentarse con y superar las adversidades y dificultades que la vida le antepone. En esta línea Erskine identifica distintas necesidades relacionales del cliente (o de cualquier persona), a las que el terapeuta intentará cubrir.

Así un marco terapéutico favorable para el cliente le dará una sensación de seguridad, para que se sienta protegido dentro de una relación estable y fiable con su terapeuta. El cliente se sentirá comprendido, aceptado y validado, ahí donde esté. Partiendo de ahí será más fácil que asuma el reto de enfrentarse con las heridas profundas que le lastran en el aquí y ahora. Este marco también supondrá un espacio intersubjetivo en el que hay un intercambio en doble sentido, ya que el terapeuta podrá compartir juiciosamente aspectos de su propio camino de crecimiento, de su propia vulnerabilidad, fantasías etc, siempre en función de las necesidades del cliente.

Erskine también valora la iniciativa por parte del terapeuta, cuando sea necesario, para impulsar el trabajo terapéutico en el caso de que haya resistencia por parte del cliente (y sin que esto suponga que el terapeuta esté haciendo el grueso del trabajo). Según Erskine, es esencial que el terapeuta atienda a la necesidad del cliente de sentirse respetado y acompañado. Para eso es importante que se respire una atmósfera de amor en el marco terapéutico. El terapeuta ocupa el lugar de una versión adulta del cuidador del niño, tal y como lo plantea Bowlby, es decir ofreciendo un amor nutritivo de tipo paternal o maternal (aunque no paternalista en el sentido de restarle o inhibirle la autonomía al cliente).

El amor en el marco terapéutico humanista integrativo también puede entenderse en su vertiente más espiritual. Se trata de ayudarle al cliente a conectar con algo más grande, con una visión que abarque también la dimensión trascendental del ser humano, más allá de los confines de nuestro ego. Esto permitirá al cliente aprender a “fluir” (en el sentido acuñado por Mihály Csíkszentmihályi), soltando sus lastres y sintiéndose uno con el todo. Aunque esto no puede ser para la mayoría de clientes el punto de partida, si puede constituir un punto omega gravitacional en el trabajo. Así el enfoque psico-espiritual puede valer a veces para cerrar procesos en los que se han trabajado heridas intensamente personales, añadiendo una vertiente humanamente universal y también transpersonal al trabajo.

En este sentido, el rol del terapeuta se parece al de un psicopompo mitológico, guiando a cada cliente en su particular viaje de héroe. Al terapéuta le corresponde recordar a sus clientes que aunque no puedan elegir las circunstancias o las condiciones externas que se les han dado en sus vidas, si pueden elegir como responder a esas circunstancias, como jugar la mano que se les ha dado. El guía entiende - y ayuda a entender - que ahí reside el margen de maniobra y la posibilidad de liberación y realización de cada individuo.

Silencio

Desde el retiro del mes pasado, llevo unas semanas de ‘silencio textual’, sin tener tiempo para escribir y ahora llevo unos días pensando en el silencio en sus dos vertientes. De un lado hay el silencio pesado y opresivo, que he sentido muchas veces cuando tenía la sensación de no tener nada que decir y sufría por ello. A veces este tipo de silencio surge alrededor de personas que mantienen algún tipo de secreto, algo que les pesa y que les bloquea el chakra de la garganta. En mi caso fue así, antes de empezar a hacer trabajo emocional para poder expresar lo que eran secretos de infancia y vergüenzas ajenas de los que me había hecho cómplice involuntario. Lo mejor que se puede hacer con este tipo de silencio es nombrarlo y moverse a través de él hacía la expresión, para poder soltar el lastre que supone: de lo contrario uno se queda atrapado.

El otro tipo es el silencio liberador con el que a veces se conecta en la meditación o en momentos de expansión, como las ‘experiencias punta’ de Maslow, cuando la mente se agota, los ritmos cerebrales se calman y sólo queda el ver, el atestiguar silencioso. Es el silencio de lo que Suzuki llama el sustrato dinámico de toda existencia, sobre el que Michael Washburn ha escrito también en The Ego and the Dynamic Ground. Es silencio atronador de sunyata, del vacío fértil del que todo el mundo manifiesto surge.

El puente entre un silencio y otro es la expresión, hablar, cantar, escribir cartas de amor, poesía o blogs, da igual, cualquier cosa que rompe las cadenas del silencio contraído. Es el dedo que señala la luna, las hojas de ruta que por lo contrario nos permiten expandirnos más allá del pequeño yo hacia nuestro auténtico Ser. Me ha gustado un poema de Rumi que me mandó un amigo, En el Arco de tu Mazo, que lo dice de un modo mucho más conciso y bello, insinuando lo inefable a través de la palabra creativa a la vez que reconociendo la humildad de nuestra expresión y de nuestros mapas ante el misterio.





La conciencia de los negocios

Estoy leyendo Conscious Business (La conciencia de los negocios), un libro de Fred Kofman, una persona a la que admiro mucho. Es cofundador de Axialent y en castellano ha publicado previamente un libro que se llama Metamanagement, tema que explica y desarrolla también en esta entrevista. Me interesa no porque pienso dedicarme a los negocios, sino porque reconozco que el mundo empresarial es un eslabón inevitable y necesario en el mundo moderno (o sea de los últimos trescientos años) y, más importante, para nuestro futuro colectivo. En el Spiral Dynamics el mundo de los negocios encajaría en la cosmovisión del meme naranja, la perspectiva moderna que trasciende e incluye la tradicional lo mismo que la mente racional adulta trasciende e incluye la mente mágica e mítica de la niñez (para una visión más desarrollada de este tema, se puede ver el excelente resumen de Nacho Gallego aquí). Lo importante es darse cuenta de que la visión racional, emprendedora y empresarial es una condición necesaria pero no suficiente para la evolución humana, que es necesario integrar los aspectos positivos de la tradición, de la modernidad y de la post-modernidad para plasmar una nueva perspectiva capaz de lidiar con los problemas a los que se enfrenta el mundo a escala global hoy día. Como dijo Einstein: “Los problemas importantes no pueden resolverse en el mismo nivel de pensamiento en que se crearon”. En otras palabras, muchas veces el único modo de resolver un problema es “cambiar el paradigma” o ampliar el marco a través del cual se enfoca una situación.

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