martes, noviembre 14, 2006

La Ropa Sucia

Estuve leyendo de nuevo un capítulo del libro Después del éxtasis, la colada de Jack Kornfield, titulado “La Ropa Sucia”. Se trata del lado oscuro de la práctica, la sombra individual o colectiva que invade a veces hasta las empresas más elevadas y espirituales. Para poder investigar el tema, Kornfield aconseja emplear la sabiduría discriminatoria, afirmando que es “importante examinar nuestros ojos y nuestro corazón [y] asegurarnos de que entramos en dicho terreno con un espíritu abierto y cuidadoso, más que con un espíritu de odio, comparación o auto-justificación.” Es una lectura que me ha ayudado mucho, porque reconozco que me ha costado a veces conciliar mis propios errores en el camino, quitar la máscara ‘espiritual’ detrás de la cual he querido esconderme en algunos momentos, y también me ha costado perdonar los errores y abusos ajenos.
Y es que las emociones destructivas que salen dentro de un marco espiritual, en uno mismo o en los demás, parece que duelen más que en otros contextos, quizás porque nuestras expectativas ante una práctica espiritual sean más elevadas o porque los que seguimos este tipo de camino podemos caer fácilmente en la fantasía. Esto puede implicar una brecha entre la realidad y la imagen que uno proyecta, como el practicante que presumía un día del amor incondicional entre él y su pareja, la cual poco después le denunció en comisaría por pegarle una bofetada, u otra practicante cuya problemática emocional y familiar entraba en conflicto constante con el aire espiritual que quería proyectar o un servidor, no tan humilde como quisiera, que se acomodó de más en la autoridad prestada del maestro y no supo marcharse a tiempo. Abundan historias, ampliamente comentadas por Kornfield, de maestros, gurus y sus comunidades que han caído en abusos de poder, del dinero, de la sexualidad o del alcohol y de las drogas. Una comunidad espiritual, como cualquier otro grupo o comunidad crea su propia cosmovisión, escribe su propia historia y naturalmente quiere editarla de modo que la ropa sucia no se vea. Pero eso también puede llevar a brechas entre lo que se cuenta y lo que se hace, dolorosas para quienes tienen constancia de ellas.

Para Kornfield el incumplimiento y la traición constituyen un “tema sorprendentemente común en el viaje” pero también habla de la traición como una iniciación, “una puerta brutal por la que hay que pasar, una dolorosa destructora de la ilusión y de la inocencia”. Es verdad que el dolor es un buen maestro, aunque cueste reconocerlo y a veces es difícil encontrar el sentido en sus enseñanzas. Pero la conclusión de Kornfield nos recuerda como la reconciliación pasa por encontrarse con la propia sombra en vez de fijarse en la sombra de un maestro, de una comunidad, de los demás: “Finalmente, no es la traición de los maestros la que nos sorprende o nos despierta más, sino el creciente reconocimiento del modo en que nos hemos traicionado a nosotros mismos. Pretendemos no haber visto la sombra incluso cuando la teníamos enfrente. Mediante nuestras necesidades y nuestro idealismo hemos abandonado la sabiduría de nuestro corazón, nuestra verdadera naturaleza.”

Parece evidente que no hay que abandonar la búsqueda o el camino compartido por el hecho de que nos encontremos en él con abusos, ya que esto implicaría la rendición ante la sombra cuando en la práctica nuestro anhelo es aprender a rendirse más bien ante la luz. Pero hay remedios, como por ejemplo el de tener varios mentores para guiarnos a través de nuestras prácticas, y no sólo un único gurú (ya que, como dicen Michael Murphy y George Leonard, es casi imposible que una persona considerada superior a los demás reciba la retroalimentación rica y honesta necesaria para el propio equilibrio). Ramana Maharshi recomendaba frecuentar sabios realizados para alcanzar el despertar, o por lo menos elegir la compañía del mejor modo posible. Ante la ausencia física de maestros realizados, también nos queda la lectura de sus escritos o biografías sobre ellos. Finalmente nos queda la posibilidad de desarrollar, siguiendo la recomendación de Aurobindo, el “Guía interno, jagad-guru, secreto en nuestro interior”, de conectar con la chispa divina inherente a todo ser, sin necesidad de mediación externa - como dijo Buda: “Sé una lámpara para ti mismo, haz de ti una luz.”

Dice David Brazier que el camino hacia el cambio sostenible positivo pasa por la gratitud, el arrepentimiento y el perdón. Una manera que ofrece el budismo de conectar con estos dos últimos es el metta. En la meditación vipassana se termina cada sentada con esta práctica que nos lleva hacia el perdón y el amor compasivo: “Si he perjudicado a algún ser, de forma intencionada o sin intención, pido perdón. Si algún ser me ha perjudicado, de forma intencionada o sin intención, ofrezco mi perdón. Si me he perjudicado a mí mismo, de forma intencionada o sin intención, me perdono. ¡Qué yo esté bien, feliz y en paz! ¡Qué nosotros estemos bien, felices y en paz! ¡Qué todos los seres estén bien, felices y en paz!”

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